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José Sola. Párroco de Beas de Segura por aquellos años nos cuenta en su escrito unos datos interesantes acerca de un manuscrito de mediados del siglo XVI que se haya en la Biblioteca de “El Escorial” que narran la historia y vida de la Villa de Beas en los tiempos de Felipe II de Austria (o Habsburgo) Rey de España, Sicilia y Cerdeña.
José Sola tan solo cuenta de forma muy breve lo que uno se puede encontrar en dichos documentos, dejándonos la miel en los labios por los datos tan interesantes que parece haber sobre la historia de la villa en los mencionados manuscritos, tal vez por modestia y prudencia al creer que el programa de fiestas no es el lugar más idóneo para escribir un articulo sobre unos documentos históricos, acertando en sus palabras y dejando unos datos de gran valor para todo aquel que quiera conocer más sobre la historia pasada de la villa de Beas en el siglo XVI.
José Sola tan solo cuenta de forma muy breve lo que uno se puede encontrar en dichos documentos, dejándonos la miel en los labios por los datos tan interesantes que parece haber sobre la historia de la villa en los mencionados manuscritos, tal vez por modestia y prudencia al creer que el programa de fiestas no es el lugar más idóneo para escribir un articulo sobre unos documentos históricos, acertando en sus palabras y dejando unos datos de gran valor para todo aquel que quiera conocer más sobre la historia pasada de la villa de Beas en el siglo XVI.
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Y así comienza su escrito en el libro del año 1973:
La junta de la Hermandad de San Marcos me pide unas líneas para el programa de festejos en honor de su titular del presente año. Y han sido tan condescendientes conmigo que me han dejado tema libre. Esto, quizás, me comprometa más por la facilidad que se me otorga, pero a la hora de elegir piensa que me va a ser más difícil acertar con algo que pueda despertar interés entre los numerosos y variados lectores de este programa.
En esta perplejidad me encontraba cuando, afortunadamente, vinieron a parar a mis manos unos folios con datos interesantísimos referentes a nuestra historia local. No me resisto a daros alguna reseña de los mismos, porque cuanto se refiere a Beas ha de tener buena acogida entre los que de algún modo nos sentimos vinculados a tan querido pueblo; máxime cuando se trata de recordar las viejas glorias que a todos alcanzan por el cordón umbilical de la gestación histórica.
Se ha dicho que la historia se teje con el ir y venir de la trama de los antecesores humanos por entre la urdimbre (drama) de los hilos paralelos del tiempo: el resultado es el rico y variado tapiz que admiramos cuando leemos sus páginas.
Una de estas páginas es el precioso documento venido a mis manos, fotocopia del original que se conserva en la Biblioteca de El Escorial, “MANUSCRITO L. 1, 29 folios” que fue redactado y suscrito en esta localidad hacia la segunda mitad del siglo XVI, Pedro García Millán, alcalde; Fernando de Vedoya, fiel ejecutor; Juan Rodríguez Carreño y Pedro Fernández, regidores; y Pedro de Lillo, alguacil mayor, cumpliendo mandatos de “la católica majestad del rey Don Felipe, nuestro señor” , sobre acta levantada en la villa de Beas, de la orden de Santiago, catorce días del mes de diciembre año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil quinientos y setenta y cinco años”, han legado a la posteridad crónicas detalladas de usos y costumbres, datos todos fidedignos, capaces de satisfacer la natural curiosidad de los que fue Beas hasta esa fecha.
El poco espacio de que dispongo y el carácter festivo de esta publicación no me permite extenderme mucho; más a titulo de información debo decir que ese documento valioso es como “una gran parada” en la que se han dado cita todo el haber y el poseer de aquellos vecinos: sus casas; sus tierras; sus apellidos; y la nobleza de muchos de ellos; los frutos; sus productos más notables, entre los que destacan la madera y el olivo: el linaje de sus caballeros hidalgos (ilustres): la bravura de sus capitanes en los tercios de Flandes; las órdenes religiosas ubicadas en la población entre los cuales cita la del Monte Carmelo y la de orden de San Francisco; una detallada y municiona descripción de la iglesia parroquial, que por entonces estaba dedicada a Santa María de Gracia; en fin, un rico arsenal de datos que nos permiten mirar con ojos de grandeza la cuna de nuestros mayores.
Dejemos por ahora esto para virtuosos del estudio. Y vamos a los toros de San Marcos. Incluso con estos espectáculos estamos haciendo historia. Para terminar me permito recordar el viejo aforismo de que “no hay pueblo sin historia”; y aquel otro de que “la historia ennoblece y distingue a los pueblos”.
José Sola, Párroco de Beas de Segura. 1973


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