Beas de Segura
Por Maximiano Lombardo
Breñales que sueñan cielos
en las cumbres del “Natao”; soledad sonora que susurra
en brisas verdes que juegan;
plata de trucha en el régato azul,
pinos gigantes que rizan
mesanas imperiales de galeras
o sandalias humildes carmelitas
doradas con el polvo y con el polen
del rosal que estalla en primavera.
Alta abajo, prieto y blanco el caserío,
heraldo de la sierra, vigilante de cañadas.
Escondido en reculeta plaza,
aroma de leyendas y de siglos
un altar carmelita que pregona
las huellas de Teresa de Cepeda.
en las cumbres del “Natao”; soledad sonora que susurra
en brisas verdes que juegan;
plata de trucha en el régato azul,
pinos gigantes que rizan
mesanas imperiales de galeras
o sandalias humildes carmelitas
doradas con el polvo y con el polen
del rosal que estalla en primavera.
Alta abajo, prieto y blanco el caserío,
heraldo de la sierra, vigilante de cañadas.
Escondido en reculeta plaza,
aroma de leyendas y de siglos
un altar carmelita que pregona
las huellas de Teresa de Cepeda.


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